Payasos
Por Carlos Calvimontes R.
Como parte importante de la historia de la humanidad están los que, por profesión o afición, cultivan el arte de hacer reír a otros. Entre ellos, el lugar más destacado lo tienen los payasos; personajes que, con una apariencia de una risible grotesca humildad, mezclada con un travieso desenfado, por su figura, gestos y dichos, despiertan la simpatía y admiración de chicos y grandes. Son los que mejor disfrutan con lo que hacen, se divierten haciendo su trabajo y con lo que éste hace en sus espectadores; tienen el doble mérito de reírse de ellos mismos y de hacer reír a los demás, en algo tan propio del género humano: la saludable inclinación a festejar lo insólito que divierte, lejos de absurdas solemnidades; Jesús se debió reír con la payasada que hizo Saqueo, con su diminuta figura colgada de un árbol… y lo premió.
Entre los muchos payasos que han alegrado al mundo, el conocido como Grock está entre los grandes porque, con sus sorprendentes habilidades musicales que le permitían tocar veinticuatro instrumentos, actuó ante un número incontable de espectadores en circos y teatros de medio mundo en sesenta años de desempeño, desde principios del siglo XX, con la apariencia de un músico bobalicón que no sabía de cuál lado debía tomar el instrumento con el que tocaba magistralmente. Muy lejos de toda esa vida dedicada a hacer reír, está Diego Poole, que siendo un intelectual y profesor universitario, logró justa admiración como payaso aficionado al alegrar a millones de personas que lo vieron por televisión, no solamente por la enorme gracia de sus actuaciones, sino por divertir tanto a un hombre que se rió tanto que casi se cayó de su silla… el Papa Juan Pablo II.
Dando gozo, paz y consuelo, los payasos hacen el bien haciendo reír.