Hicieron cumbre
Por Carlos Calvimontes R.
Jorge López, ingeniero químico boliviano, sufrió graves consecuencias por un accidente de laboratorio: quedó ciego y algo sordo, perdió parte de sus orejas y la movilidad del brazo izquierdo, y las quemaduras le deformaron el rostro. Aprendió el lenguaje escrito Braille con tal urgencia que le sangraban los dedos. Creó una industria textil con personal discapacitado que él entrenó en diversas áreas: administrativas y técnicas; su sensibilidad táctil le permite apreciar la calidad de los tejidos y parece que hasta reconoce sus colores. Ahora, exitoso empresario, viaja por el mundo, asiste a congresos, da conferencias, capacita a personas con alguna discapacidad y hace turismo: visita museos con guías auditivas, asiste a espectáculos, hace compras, pasea en medios de transporte colectivo. Expresa que disfruta de la vida más que antes y tiene tan buen humor que se ríe de él mismo.
Luis de Moya, sacerdote español, por un accidente automovilístico quedó tetrapléjico y solo puede mover la cabeza; su anatomía es inerte: ha perdido la sensibilidad. Todo lo hace con la boca, ayudado por la tecnología para comunicarse; ante la computadora, mueve el cursor soplando a un dispositivo conectado al sistema. Ha vuelto a dar clases de Ética en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Navarra; estudia, prepara sus clases y atiende a su correspondencia. Ha escrito un libro, Sobre la Marcha, donde transmite sus experiencias y reflexiones, con varias ediciones en castellano y publicado en francés, portugués e italiano. Por si fuera poco, ha creado el sitio web Fluvium, como el centro de otros, de gran riqueza espiritual e intelectual. Se declara contento y animoso y asegura que el accidente lo ha enriquecido.
Aunque en instantes cambió su vida radicalmente, no se han autocompadecido; en cambio, “hicieron cumbre”, ayudan a otros, dan ejemplo en apreciar más la vida.