Reír cura
Por Carlos Calvimontes R.
La vida del médico Hunter “Patch” Adams inspiró la película Doctor de la Risa, en la que él fue interpretado por el celebrado actor Robin Williams. La multifacética existencia de Adams, como activista social, diplomático, autor y conferencista, gira en torno a su profesión de payaso y sus campañas para llevar risa, diversión y esperanza, a hospitales donde se encuentran especialmente niños.
Aunque esa actividad es ya beneficiosa, tiene implicaciones mayores: él inventó la sanación por medio de la ‘risoterapia’ que, por sus demostrados resultados, está siendo incorporada en la medicina moderna. Con esa óptica, ha creado un instituto que busca sustituir, en la práctica de la medicina sobre todo en los centros hospitalarios, la competencia y la avaricia por la generosidad y la compasión, introduciendo el recurso de la risa como un componente que haga parte importante de la atención exitosa a los enfermos, introduciendo el concepto de los payasos humanitarios.
En diferentes épocas, sin haberse propuesto realizar terapia alguna pero con igual resultado, lo que regalan los payasos se multiplica y expande, como ocurre en el caso de dos argentinos de diferentes generaciones, cuya obra ha llegado a ser conocida por millones de niños de habla castellana: Carlitos Balá, que ha sobrepasado los ochenta años, con actuación destacada en espectáculos que no han perdido ningún medio cultural y tecnológico: radio, cine, televisión, feria, circo o teatro; con la mitad de años, Piñón Fijo que, habiendo empezado actuando en calles, plazas, parques y paseos de diferentes ciudades, ha llegado a grandes escenarios.
Los payasos dan más que alegres risas: obsequian salud. Está comprobado que la risa fortalece el sistema inmunológico, ejercita el sistema respiratorio, mejora el ritmo cardiaco, elimina las toxinas del cuerpo, reduce las alergias y contribuye a la belleza ejercitando los músculos del rostro, entre otras cosas.
