Heroísmo
Por Carlos Calvimontes R.
Roald Amundsen (1872-1928), de una familia noruega de navieros, a sus ocho años dormía con la ventana abierta para acostumbrarse al frío, con el oculto deseo de emular las notorias exploraciones árticas de esa época. Se inició joven como marinero y se dedicó a la exploración de las regiones polares. Con ese propósito, logró una excelente formación naviera, practicó deportes invernales y convivió con esquimales. Con todo eso, con buenos equipos humanos, los apropiados de transporte y el óptimo arreglo logístico, alcanzó objetivos precisos y en primer lugar: llegar al Polo Sur, surcar el Paso del Noroeste -entre el Atlántico y el Pacífico-, y estar en el viaje que sobrevoló el Polo Norte.
Robert Scott (1868- 1912), de una familia inglesa con antigua vocación marinera, al terminar sus estudios se incorporó en la Marina Real de su país e hizo una exitosa carrera; sin embargo, quería algo más importante que ser un oficial de la marina. Se interesó por la exploración científica, se incorporó a la Expedición Discovery y pasó varios años en la Antártida, participando en el éxito de investigaciones geológicas, biológicas y ambientales. Cuando emprendió el viaje al Polo Sur la travesía se demoró por el peso de los instrumentos científicos y por serios contratiempos que tuvo que superar. Al alcanzar ese hito se enteró que Amundsen se le había adelantado. En el penoso regreso, sin abandonar las pruebas de sus descubrimientos, murió junto a todos sus compañeros de viaje.
Amundsen fue el vencedor en la que fue para él sólo una aventura, extrema por antonomasia; Scott, un héroe por no claudicar y sólo ser derrotado por la inclemencia del tiempo que no se había dado en todo un siglo; su triunfo tiene la nobleza del que llega en segundo lugar pero da testimonio del triunfo del adversario.
Más información e imágenes de esta historia en La Conquista del Polo Sur y en este video de Héroes de la Antártida, la canción que Mecano les dedicó.
