La discapacidad no corta las alas
“Tenía siete años y estábamos viendo un partido de fútbol –él sentado en su silla de ruedas– cuando de repente me dijo: ‘A mí también me gustaría jugar’. Como madre fue muy doloroso, pero inmediatamente Dios me iluminó y le dije que cerrara los ojos. Él no entendía nada y a cada rato me pedía abrirlos para ver lo que estaba pasando, pero yo se los mantuve así por unos minutos. De pronto dejé que los abriera y le pregunté: ¿Te das cuenta de lo maravilloso que es ver? ‘Sí mamá, es lo único que puedo hacer’, me respondió. Entonces le dije que agradeciera a Dios por todo lo que tenía y que jamás volviera a quejarse. Y creo que nunca más lo ha hecho”.
Juan Diego Alarcón (23 años) nació en Ecuador y vive en Chile. Creció como un niño normal hasta los tres años, cuando algunos síntomas llamaron la atención de sus padres y los exámenes médicos arrojaron el diagnóstico: atrofia muscular, una enfermedad hereditaria que ocasiona debilidad y degeneración progresiva de los músculos esqueléticos, y que finalmente lleva a la pérdida de la capacidad para caminar, entre otras complicaciones.
A pesar de ello, Juan Diego terminó sus estudios en un colegio como cualquier otro, y ha desarrollado profesionalmente una exitosa carrera musical, gracias al talento innato que tiene para el canto. Además impulsa la labor de la Fundación La Casa de la Alegría, que él mismo creó, y difunde en su sitio web sus proyectos y su historia, una muestra de que la discapacidad no corta las alas.
“Yo creo que lo que más me ayudó a no sentirme ‘enfermo’ fue que mis padres no me llenaron de tratamientos”, cuenta Juan Diego en una artículo publicado en la revista VivirMás. ”Ésta es una enfermedad que no tiene cura y someter a un niño a tantas cosas, sin un resultado concreto, habría sido como hacerme una falsa ilusión. Siempre me tomé esto con mucho realismo y creo que eso me ha ayudado a tener una buena disposición siempre”, agrega.
Y es que, como se indica en la misma nota, “la suya es una verdadera filosofía de vida, donde todos en su familia irradian la misma felicidad”. A propósito, dice Juan Diego: “Todo en la vida tiene un sentido, incluso lo más malo que te puede ocurrir. La otra vez un amigo me decía que no podía creer que yo, siendo así, con tantas limitaciones, pudiera ser tan alegre. Yo creo que es Dios que me da la fuerza para que yo mismo se lo transmita a otros. ¿Si me gustaría nacer de nuevo y tener una vida normal? Para qué, si siendo así ya soy tremendamente feliz”.
Con información de VivirMás
(Imagen vía Flickr)
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Cada Cristiano debe aprender a llevar su Cruz, siempre con amor, pues Dios nos dona talentos q a los demás q están sanos no se los da, por algo lo hace.
Solamente no debemos dejarnos caer, por cualquier cosa o circunstancia, debemos ser siempre fuertes y aprender de la pelicula la pasión de Cristo; Jesús se cayó con su Cruz tres veces, pero se levantó con más fuerza para llegar a su meta.
Como dice la escritura; He combatido el buen combate, he terminado mi carrera siempre fiel a la fe.
Yo también debo llevar mi cruz en la silla de ruedas, pero el Señor está delante de mí y yo detrás de él.
ANIMO.
SANTINA GEMMA.