Superación
Por Carlos Calvimontes R.
Juan Ruiz (c.1284-c.1351), conocido como el Arcipreste de Hita, es el autor de una de las cumbres literarias españolas de siempre y no sólo de la época medieval, el Libro del Buen Amor, también llamado Libro de los Cantares, con un contenido heterogéneo, entre narraciones, composiciones líricas y textos didácticos, con muy diverso tono: serio, festivo, religioso, profano. Entre las muchas cosas de esa obra que han trascendido en el tiempo, hay unos versos memorables: Sírvela, no te canses, sirviendo el amor crece; / homenaje bien hecho no muere ni perece, / si tarda, no se pierde; el amor no fallece / pues siempre el buen trabajo todas las cosas vence.
El ‘Negro’ Ayllón los tenía como un emblema oculto, marcador de su conducta en una vida dedicada a la juventud de La Paz, Bolivia. Roberto Ayllón Chávez (1922-1972), de humilde origen y paradigma de humildad, estuvo ligado al deporte desde muy niño y, pese a su baja estatura, descolló en el baloncesto; como entrenador en éste, de un prestigioso equipo, consiguió un número de títulos locales y nacionales nunca igualado. Por su inquietud en la plenitud del hombre, tuvo un excelente desempeño en la educación y formación de varias generaciones de estudiantes; con una sabia combinación de rigor y bondad enseñó dibujo, literatura, francés e historia. Lo más importante, con su ejemplo, fue que enseñó a hacer un buen trabajo queriendo a éste sin desmayos; ante un atisbo de desánimo de un deportista o alumno a su cargo, con un susurro mágico resolvía todo en un instante, diciendo “no te canses…”.
Un buen hombre, por ser justo, correcto, generoso y educado, puede llegar a ser un hombre bueno cuando, conociendo sus propias limitaciones, hace las cosas con amor, logra su propia superación y busca la de los demás.