Bienestar
Por Carlos Calvimontes R.
En lo sustancial, lo que nos hace más fácil la vida es la calidad de ésta. Por eso, los indicadores de la calidad de vida califican los medios disponibles para atender la alimentación, la salud, la vivienda, el vestido y la recreación; y, aunque se dan criterios comparativos con el nivel de necesidades básicas, también es válida la comparación entre diferentes épocas y lugares.
En el mundo desarrollado o en proceso de serlo, al ser difícil imaginar la calidad de vida aún en una época tan cercana como la segunda mitad del siglo XIX, es mejor recordar lo que hicieron dos personajes de entonces que, a pesar de la escasa formación que tuvieron en sus primeros años, nos hacen reconocer su aporte y apreciar los cambios que produjeron, en todo el conjunto de factores que satisfacen las necesidades primordiales. Uno de ellos fue Michael Faraday (1791-1867), físico y químico británico que por sus estudios y descubrimientos hizo posible la construcción de generadores y motores eléctricos, mediante la innovación trascendental en el desarrollo de la electricidad por haber determinado que el magnetismo la produce a través del movimiento. El otro fue Louis Pasteur (1822- 1895), químico francés que, con sus descubrimientos en varios campos de las ciencias naturales, contribuyó al conocimiento de la química orgánica y la microbiología, donde se destaca que refutó en forma definitiva la teoría de la generación espontánea y creó la técnica de la pasteurización, proceso térmico realizado especialmente en alimentos líquidos, para reducir los agentes patógenos presentes en ellos.
En la vida cotidiana, en el hogar o en los lugares de trabajo o estudio, el bienestar es posible gracias al aporte de grandes de la ciencia como Faraday y Pasteur.