Voluntariado: ¿Es bueno involucrarse cuando se ayuda?
Bitácora de un voluntario, por Marcelo Vassallo
Trabajo como voluntario en la Fundación Al Reparo una vez por semana durante seis horas, y ya me pidieron que vaya otro día mas. Realmente estoy muy contento: hace poco comencé un curso de rehabilitación de pacientes pediátricos con parálisis cerebral y asistí a unas charlas sobre tratamiento de cuadros dolorosos de la columna vertebral por disbalances musculares, además de a unas clases de equitación. Cada día que pasa confirmo que estoy en el camino correcto. Siento una revolución dentro de mí cuando recibo una mirada, una simple mirada, de un chico autista, o cuando apenas disminuye el llanto o quejido de una criatura cuadripléjica de casi tres años de edad, por una caricia o simplemente por mi tono de voz. Creo que realmente aporto a su mejoría, que en algo los estoy ayudando.
La hipoterapia y sus resultados son maravillosos. El equipo de profesionales que integra esta Fundación me han aceptado muy bien; soy consciente que todavía no formo parte del grupo, pero recibo de ellos una gran ayuda: no escatiman información cuando pregunto, me enseñan y me permiten participar en todo lo que está a mi alcance. Sin esta actitud de cada uno de ellos, me sería imposible aportar mi granito de arena para estos pequeños jinetes. Por eso insisto en que este tipo de entidades tienen que ser abiertas, que esa apertura tiene que ser parte de la política solidaria de la institución, para que puedan potenciar su propio trabajo y crecimiento. Por mi parte, me doy cuenta de que no hay que invadir ni tratar de ser centro de atención; hay que enfocarse en el propósito que nos lleva a ser voluntarios. La humildad no es sinónimo de tener un ‘perfil bajo’; la humildad es muestra de respeto y educación.
También he notado que hay una parte personal muy importante que necesito trabajar; se trata de algo que me tomó de sorpresa y que sé que me va a llevar algo de tiempo superar. Sucede que algunas noches no me puedo dormir o me despierto varias veces pensando en algunos de estos chiquitos: si habrán cenado bien, si habrán conciliado el sueño, si se despiertan llamando a su madre como a veces lo hacen en la pista, si tomaron la medicación, si tienen dolores, si cambian de posición durante la noche a quienes están imposibilitado de hacerlo solos, etc. Quizás porque pasé por alguna de esas situaciones es como si lo sintiera en carne propia, pero también logro conectarme con ellos desde mi experiencia, a diferencia de los chicos que se encargan de planificar y llevar a la práctica la rehabilitación, que lo hacen desde su formación académica, hípica, docente, etc.
Confieso que algunas noches se me caen algunas lágrimas, pero cuando estoy con ellos no hago más que pensar positivamente y tratar de transmitirles de alguna manera que van a estar bien, cada vez mejor. Y es que dicen que no hay que involucrarse tanto con cada caso, pero no creo que ésa sea mi forma de ‘inmunizarme’. Creo que mientras piense que van a lograr mejorar su calidad de vida y ser felices, siempre voy a tener la fuerza para seguir colaborando, y permitirme bajar la guardia cuando lo necesite, sin descuidar a mi familia, mi trabajo, mis amigos, mi escalada… mis momentos.
(Imagen vía Flickr)